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11 de marzo de 2026

“Las heroínas de la Plaza de Mayo salvaron el alma de la Argentina”

El querido Robert Cox, editor del Buenos Aires Herald durante la dictadura, uno de los pocos periodistas que tuvo el valor de denunciar las desapariciones y dar voz a Madres y Abuelas, él mismo secuestrado y exiliado, rememora aquellos días que vivió, como tantos otros, en peligro.

Por Robert Cox*

 

Cuando recuerdo el golpe militar del 24 de marzo de 1976 y los años infames de la dictadura, reculo con horror. No puedo olvidar esos años oscuros. Y sin embargo hay una luz que brilla en mi memoria. Es el magnífico ejemplo que han dado las Madres y Abuelas de Argentina. Cuando hubo un silencio temeroso en la Argentina, ellas hablaron. Cuando las instituciones del país fallaron, ellas tuvieron el coraje necesario para resistir una dictadura todopoderosa y asesina que pisoteó los derechos humanos y, en secreto, asesinó a sus opositores.

Reflexionando hoy sobre lo transcurrido hace más de cincuenta años, es difícil comprender cómo militares que juraron respetar los ideales de la Constitución y las leyes argentinas, cometieron actos tan aberrantes que llegaron a constituir un genocidio.

No es una exageración decir que las heroínas de la Plaza de Mayo salvaron el alma de la Argentina al demostrar que el amor de madre es más poderoso que el más cruel y despiadado poder militar.

Estas mujeres nobles respondieron con sus instintos maternales y dijeron: “No. Esto no puede ser”.

Si no hubieran pronunciado estas palabras, muchos más seres humanos hubieran “desaparecido.”   La palabra “desaparecido” connota las atrocidades llevadas a cabo en las prisiones secretas creadas en el país. Todavía tiemblo cuando pienso en las mujeres embarazadas mantenidas en cautiverio a las que forzaron a dar luz para después asesinarlas y ofrecer a sus bebés en adopción a familias que apoyaban a la dictadura.

No podemos olvidar lo difícil que fue para personas comunes enterarse sobre lo que estaba ocurriendo. Hubo un llamado “acuerdo de caballeros” cuyo propósito fue cubrir los métodos ilegales utilizados para llevar a cabo el “Proceso de Reorganización Nacional”. 

La dictadura tuvo el apoyo de un silencio vergonzoso por parte de la prensa que simplemente no informó sobre lo que estaba ocurriendo. Ese silencio permitió a los líderes del golpe ilusionarse en creer que estaban resistiendo el comunismo. Me informé sobre cómo formulaban sus ideas a través de los labios de Rafael Videla y el ministro del interior Albano Harguindeguy. Ellos nunca se dieron cuenta que se transformaron en monstruos. Nunca reconocerían que cometieron crímenes abominables.

Los primeros días de lucha por los derechos humanos fueron muy peligrosos.  Recuerdo escuchar sobre la formación de los primeros grupos de abuelas mientras hacía arreglos para llevar a un periodista de la BBC a verlas en un departamento en Buenos Aires.  El periodista se alarmó cuando se dio cuenta que después de haberse reunido con las madres, personas no uniformadas lo siguieron por tres días y a las doce de la noche de cada uno de esos días golpearon su puerta.

Resolví reportar la lucha de las madres al publicar historias sobre ellas. Me convertí en un amigo cercano de María Isabel Chorobik de Mariani, una de las fundadoras de las Abuelas, y luego conocí a Estela de Carlotto, la presidenta de la Asociación. Considero a las Abuelas mis amigas.

La destrucción de las normas democráticas creó un clima de aceptación entre la mayoría de la gente. Eventualmente las personas de la Argentina despertaron de la pesadilla que comenzó el 24 de marzo de 1976. Un atributo de este despertar fue el coraje moral de las mujeres que arriesgaron sus vidas y, claro, las que dieron sus vidas, como Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce de Bianco.  Fueron secuestradas, torturadas y luego tiradas en el Atlántico.

Harguindeguy se rió de ellas. Las llamaron “las locas”. Fueron ellas las que demostraron un coraje indomable, siempre presentes en su ronda alrededor de la pirámide en la Plaza de Mayo. Su valentía capturó la imaginación de millones de personas en el mundo. Este aniversario de cincuenta años es una inspiración para todas aquellas personas en el mundo que valoran los derechos humanos.

 

*Periodista, ex director del Buenos Aires Herald.

Fuente: Abuelas
Autor/a: Abuelas